sábado, abril 11, 2009

La última saeta




Procedencia de la imagen

Mi madre, según dicen, tenía, como sus cuatro hemanos, gracia para cantar flamenco, vena artística que heredó de la familia paterna. Se le acabó cuando tenía unos quince o dieciséis años, en un Viernes Santo, por culpa de una saeta. En Semana Santa solemos revivir la historia, mientras ella les cuenta a sus nietas con amarga simpatía lo ocurrido. De mis recuerdos, mezclados con los de ella, puedo rescatar los olores que dejaba la procesión a su paso (a cera, incienso y flores) unidos a los traídos de casa (a betún y colonia, a ropa limpia y recién estrenada y a zapatos nuevos). Destacaba el color blanco de las camisas de los hombres y de los calcetines de los niños y niñas, el morado y negro de los penitentes, el granate y blanco de los claveles del adorno de los pasos. La banda de música, a la que llamábamos los romanos, marcaba el vaivén del paso, y los niños la acompañábamos, imitando su marcha acompasada y marcial. Dejando atrás callejuelas encaladas y estrechas, asoma el Cristo por una placita, entre el humo de incienso y el alumbrado de los cirios recién encendidos. Los costaleros descansan y se hace el silencio. Entonces mi madre, embargada por el derroche de sensaciones, emocionada por el son de la música, compungida por el dolor de Jesús el Nazareno, se arranca a cantar con toda la pasión de que es capaz.


"Como no tenían naíta que hacerle,
le escupen y lo abofetean,
y lo coronan de espinas
y la sangre le chorrea
por su carita divina."

Entre el silencio de los allí congregados se le clava una mirada: la de la madre (no la madre de Dios, sino la suya propia, o sea, mi abuela). Se acalla la voz, resuena el tambor y la procesión continúa su camino. Por la noche, al llegar a casa, mi abuela castiga a mi madre por haberse atrevido a hacer la trastada de ponerse a cantar una saeta, y no la deja salir de casa en un buen tiempo. Aquella reacción tan desmesurada parece mentira hoy viendo a la causante de tamaño castigo (mi abuela) ahora tan indefensa, postrada ya de por vida en una cama. Son historias que pasaban entonces con mucha frecuencia en los pueblos, que hicieron su efecto y que hoy, pasado el dolor, se ven con otros ojos. Pero lo cierto es que desde entonces mi madre no volvió a cantar. Solo cuando hacía punto. Mientras tricotaba jerséis, ella acallaba el ruido de la máquina aflamencando todo lo que escuchaba, como las canciones de los discos de mi hermano: Corre, corre, corre que te van a echar el guantee....

7 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me ha gustado mucho este post. Es muy personal pero muy descriptivo.

Tu madre es artista como tu abuela.

Me encanta el flamenco.

La ilustración muy bella.

Un abrazo.

marisa dijo...

Ay Marian, qué hermosas y emotivas esas historias que uno rescata del pasado y teje con palabras para que tomen forma.
"Que cante tu madre al viento
y deje libre su voz
para que todos escuchen
la pena que ella calló."
Perdona por la osadía pero me ha emocionado la historia y me hasalido esta copla. Un beso guapa, y otro a tu madre.

Marian dijo...

Me alegro de que os guste la entrada, y como se trata de una historia personal (aunque diluida con un toque inevitable de irrealidad) se agradece más. Siempre se duda cuando cuentas algo muy tuyo...Preciosa y emotiva la coplilla, Marisa (y para osadía la mía al contar esta historia...).
Besos.

Anónimo dijo...

está muy bien, y de echo nos a emocionado bastante, a veces el pasado hay que mirarlo para afrontar con mas claridad el presente.
un beso a ti y a tu madre.
SALUD Y LIBERTAD

Marian dijo...

Gracias, anónimo. Tuve ciertas dudas sobre este tema (sobre el hecho de hablar o no de situaciones del pasado personales y "espinosos")pero la protagonista principal de lo ocurrido me quitó los temores y me animó a que siguiera con la historia. Pienso también que es bueno mirar al pasado para superarlo. Bonito saludo gitano(sastipen thaj mestepen). Un beso.

Matilde dijo...

Bonito recuerdo-relato. Con tu permiso, lo añado a mi post "la saeta contrasaeta", creo que aporta algo a las visiones estereotipadas sobre el tema.
Felicidaes por tu blog

Marian dijo...

Matilde, me alegro de que te guste y de que sirva para dar otra visión distinta. Bienvenida a este blog. ¡Saludos!