martes, marzo 17, 2009

Exámenes, exámenes, exámenes...


Me ocurre que cuando paso tiempo sin escribir en el blog después me cuesta la misma vida retomar la actividad en él. Se me viene a la cabeza la musiquilla de esta canción de Fito & Fitipaldis; nada de lo que tengo en mente me parece tan interesante como para dejar constancia de ello por escrito. Y como además he estado bastante ocupada en los menesteres de la docencia...Ahora, aunque es tarde, me propongo romper esta inactividad, a ver si así me voy animando y me van surgiendo las ideas.

Por fin he acabado con la presión de las evaluaciones, el agotamiento ocasionado por las jornadas de mañana y tarde, la supervisión con los alumnos de los controles de última hora ...Uf, ¿tan exigentes son todos los alumnos de ahora?...Es difícil dar con cursos en los que no se cuestionen las valoraciones, las notas, las lecturas, los criterios de evaluación. Y me parece estresante, abusiva y excesiva esa exigencia milimétrica hacia el profesorado de absoluta claridad, justicia, ecuanimidad, etc. Sobre todo en una materia en la que es difícil a veces evaluar con números y décimas. Es agotador tener que ser intachable y, además, parecerlo.

10 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Qué suerte: tú has acabado de evaluar, yo comienzo la semana que viene. En fin, en peores plazas hemos toreado...

Juanma dijo...

Todos los profes amigos y blogueros que voy leyendo andan a la misma. Tú has acabado ya: me alegro, ahora a descansar. Ya sabes que el blog, a veces, se hace casi solo.

Besos.

Héctor Monteagudo dijo...

Así estamos todos: sepultados en papel, boli rojo en mano. Por suerte, terminé con Bachillerato hace dos días, pero todavía me queda Secundaria hasta final de mes.
En tu entrada planteas cuestiones interesantes, como el nivel de exigencia del alumnado. A mí no me parecería mal si ese mismo criterio se lo aplicaran también a sí mismos, aunque muy pocos lo hacen. En mi caso, cada vez me he vuelto más rígido a la hora de establecer y aplicar esos criterios, sacrificando todo elemento subjetivo por no caer en una evaluación impresionista. Lo bueno es que te evitas problemas, pero a veces pienso que es un procedimiento demasiado encorsetado para valorar una materia tan compleja como la nuestra y que el alumno nunca comprenderá que, en el fondo, sus exigencias terminan por actuar en su contra.

marisa dijo...

Te digo lo mismo, yo estoy en plena vorágine. Estoy preparada para lo que me echen... y me animo pensando que sólo nos queda un trimestreee.
Un beso guapa.

Carlota Bloom dijo...

Me encanta que la blogosfera sirva, entre otras cosas, para hacer terapia de grupo ( es como una sala de profesores virtual!!!) así que me uno al coro: ¡¡toy harta!!Y no sólo de corregir (me voy a "jartar" el puente), sino como bien dices, Marian, de tener que justificar hasta extremos insospechables cada decisión que se toma. También comparto eso de que, a veces, no tengo nada que decir...

Ignacio dijo...

He aquí un examen.
He aquí un blog.
¿Qué hago?
Corrijo el blog o leo el examen.

Marian dijo...

Se ve que estamos todos más o menos en las mismas. Que os sea leve a los que todavía no habéis terminado. Héctor, pienso como tú: los alumnos deberían ser también igual de exigentes con ellos mismos, pero eso se da en pocos casos. Y la rigidez a la hora de establecer los criterios es lo más cómodo, pero resulta difícil en una asignatura como ésta medir con porcentajes exactos. Saludos a todos

Un profe cualquiera... dijo...

¡Yo también he terminado, yuju!
A disfrutar del puente todos (los que podais).
Besos

Edelia dijo...

me suena todo esto que explicas, jeje...ánimo que todos estamos igual!

Noa dijo...

Ánimo, Marian, pensad que otros daríamos la misma vida por tener montañas de exámenes esperándonos en el escritorio. Ya sé que vosotros también habéis estado en esta situación, o por lo menos, algunos de vosotros, pero intentad relativizar y pensar en lo positivo de tener tanto trabajiño.

La verdad es que los alumnos deberían mirarse menos el ombliguito porque desde luego, tiene tela el asunto. Yo no recuerdo tantas protestas en el instituto; si suspendías, pues a lo mejor pedías que te explicaran qué había pasado pero ni siquiera siempre. Yo recuerdo suspender y no preguntar el motivo al profesor... y es que claro, sin estudiar, pues es lo que hay, amigos.
Un besiño, Marian.