miércoles, octubre 15, 2008

¿Y quién es él?



¿Nadie se acuerda de quien se esconde en esta nube?¿Por qué este autor está tan olvidado? He revisado muchos planes de lectura que circulan por la red y en ninguno aparece alguna obra o relato de este autor. Y en muchos libros de texto ni siquiera se menciona. Qué desconsideración hacia alguien que, aunque no fuese español de nacimiento, lo fue de sentimiento y que siempre quiso tanto nuestra lengua. Además resulta sorprendente el olvido de alguien cuya vida ya da para escribir un libro. Fue todo un personaje, digno de cualquier novela de aventuras, un hombre de muchos sitios aun antes de haber nacido: su padre era alemán con ascendentes franceses, su madre era francesa con orígenes alemanes y él, con cuatro nacionalidades, vivió en muchas partes del mundo, pero estuvo toda su vida muy ligado a España. Era muy viajero (se dedicó a ello profesionalmente para buscarse el sustento y la independencia económica) y un ávido lector, dos actividades que quizás influyeron en que su vida, al cabo de los años, pareciera más fruto de su imaginación que de la realidad: estuvo exiliado, fue recluido en un campo, fue deportado y se fugó... pero lamentablemente todo fue real y no precisamente una aventura. Y lo peor es que, cuando volvió a España, tras esta etapa negra de lejanías y olvidos obligados, era alguien ignorado y desconocido. Incluso todavía hoy parece no estar reconocido del todo.
A mí me admira que a lo largo de su vida él nunca perdiera esa capacidad para la genialidad y el humor: es anecdótico, por ejemplo, que se entregara al arte de la pintura escondido en un pintor heterónimo, Jusep Torres Campalans, del que escribió una biografía incluso…Ese derroche de humor rezuma en muchos de sus relatos, y por eso desde aquí le rindo homenaje con este microcuento de los Crímenes ejemplares. Que lo disfrutéis.

Roncaba. Al que ronca, si es de la familia, se le perdona. Pero el roncador aquel ni siquiera sabía yo la cara que tenía. Su ronquido atravesaba las paredes. Me quejé al casero. Se rió. Fui a ver al autor de tan descomunales ruidos. Casi me echó:
—Yo no tengo la culpa. Yo no ronco. Y si ronco, ¡qué le vamos a hacer!, tengo derecho. Cómprese algodón hidrófilo...
Ya no podía dormir: si roncaba, por el ruido; si no esperándolo. Pegando golpes en la pared callaba un momento... pero en seguida volvía a empezar. No tienen ustedes idea de lo que es ser centinela de un ruido. Una catarata. Un volumen tremendo de aire, una fiera acorralada, el estertor de cien moribundos, me rasgaba las entrañas emponzoñándome el oído, y no podía dormir nunca, nunca. Y no me daba la gana de cambiar de casa. ¿Dónde iba yo a pagar tan poco? El tiro se lo pegué con la escopeta de mi sobrino.

3 comentarios:

Antonio dijo...

Max Aub ya no es un olvidado. Figura en los currículos (al menos aquí en la C.Valenciana) y está presente en las librerías. Es cierto que muchos lectores todavía no se han topado con él, y es una lástima, porque es un grande entre los grandes. Hace poco escribí acerca de Ignacio Soldevila, el crítico que mayor justicia le hizo en vida y tras su muerte. Me alegra ver que también tú lo recuperas para nosotros.
Un saludo.

Marian dijo...

Pues yo pensaba que estaba bastante olvidado...Me elegro de que no sea así. Saludos y gracias por la visita.

Anónimo dijo...

ola q tal stais todos yo no se kien es es ombre pero supongo que no se a olvidado d eel